Actualmente hay una discusión
alrededor del “diseño” en general, que abarca al diseño industrial particularmente
respecto de sus alcances y quehacer específicos. Entre otras cosas, las
problemáticas contemporáneas y su contexto han causado que se busque expandir los
límites de lo diseñable, porque como proceso metodizado se ha identificado como
alternativa para encontrar soluciones creativas a problemáticas diversas. Se
presenta así un panorama amplio y prometedor pero difuso. La necesidad de darle
estructura requiere de la aprehensión, que tiende a simplificar la actividad de
las áreas del diseño existentes, que además se distienden por los nuevos alcances
generando huecos para otras áreas. Como consecuencia natural surge el
cuestionamiento que trastoca las bases, lo que hace necesario que el gremio del
diseño industrial reflexione en profundidad y objetivamente, sin arrebatos
emotivos por lo nuevo que devengan en daños graves que desdibujen la identidad al
desdeñar elementos sustanciales.
Como consecuencia de la
desestabilización uno de los temas que se discuten es la tendencia de agrupar
todas las actividades diseñísticas en una sola carrera o profesión con el
nombre genérico de “diseño”, sin epígrafe, bajo la lógica de que sus
correspondencias lo permiten. Sin ir más hondo, se puede ver que esto va en
contra de la lógica de la especialización, inherente al crecimiento del propio
conocimiento. Por otro lado, han surgido otras áreas o campos, pero enfocados
básicamente en problemáticas sociales y servicios; que se suponen como la
evolución del diseño industrial y comunes a otras disciplinas afines, justificando
la generalización. Puesto que las problemáticas sociales y los servicios pueden
ser de lo más diverso, implica que su solución puede no depender de un objeto en
sí, ni de un solo tipo de diseño. Es fácil suponer entonces
que no se requiere de un profesional especialista, sino uno con conocimientos diversos;
esto es una trampa de la simulación pedagógica en la que sea cae entre otras
cosas, yendo hacia el reduccionismo por la falta de realidad laboral. También podemos encontrar la tendencia hacia la
innovación tecnológica, que, aunque mantiene al objeto, tiende a no poner
límites en su afán involucrándose de más en áreas como la ingeniería, la
biología o las matemáticas; además, se olvida de la parte estética cultural y
de los objetos cotidianos, no sin pretensión.
Para contribuir a resolver lo
anterior se debe comenzar por aclarar lo básico, preguntándonos: ¿Qué hace un
diseñador industrial? ¿Es necesario lo que hace? Y llegar al punto que aquí nos
interesa, el ¿Cómo lo hace?
Es incontestable que el diseñador
industrial crea objetos nuevos con
consideraciones de fabricación, de uso y estéticas integradas; independientemente
de las cualidades y valores actuales que se les pudieran sumar. Si no hay
objeto, la base de la formación del diseñador desde el inicio de la profesión,
vigente hasta ahora (procesos, talleres, materiales, dibujo, ergonomía, etc.)
no tienen sentido; es necesaria la concreción en un signo tridimensional
material. Por supuesto que para crear algo nuevo es determinante además la
metodología para encaminar el conocimiento. Es inobjetable también que los
objetos estéticos útiles, y de uso común son indispensables y lo seguirán
siendo; incluso si la inteligencia artificial diseñara para nosotros, siempre
está la necesidad de imprimir nuestra huella, y expresar nuestra identidad a
través de lo que usamos, es decir la creación de cultura. Por lo tanto, el profesional que crea objetos
para las necesidades de siempre y para las nuevas estará vigente. La
profesionalización de un creador de objetos fue un gran salto en la historia
que difícilmente puede ser suprimido o simplificado.
Para responder a la tercera
pregunta trataremos de establecer una referencia de lo que es un profesional y
en particular uno creativo. Podemos decir que es alguien con la habilidad de
realizar con excelencia una actividad específica gracias a una asimilación de
conocimientos a través de la práctica. Las palabras clave aquí son “habilidad”
y “práctica”. El conocimiento es información contenida, como en un disco duro o
un libro, incapaz de producir nada sin un vehículo, hasta que un ente racional comprende
lo que aprende aplicándolo. Se establecen relaciones complejas en la mente, que
son el andamiaje para la toma de decisiones en la solución de problemas y la
posterior generación de nuevo conocimiento o síntesis. Además, la práctica es
indescriptible por la teoría, pues involucra una gran cantidad de información
circunstancial, y por su carácter complejo es inefable. Así que, el
conocimiento es la materia prima de la teoría que a su vez es la pauta de la
práctica para generar nuevo conocimiento y así nuevas pautas. La habilidad se
basa entonces en la capacidad de conllevar las circunstancias y la complejidad de
determinada tarea hacia el objetivo deseado. Sin una habilidad no podemos hablar,
en este nivel, de un arquitecto, médico, ingeniero, etc.; es la diferencia
entre un software de diagnóstico médico y un médico de verdad, pues este último
considera lo circunstancial y lo complejo, elementos determinantes.
¿Cuál es la habilidad entonces del
diseñador industrial que lo vuelve único? Aun en el nivel más elemental en el
quehacer del diseñador industrial como creador únicamente de objetos, hay
suficientes variables para ser una actividad sumamente compleja como para tener
su propio lugar; más aun si las variables, como estamos siendo testigos, van en
aumento. Cada variable se define por una cantidad de conocimiento, así tenemos, por
citar algunas inherentes a la concepción de un objeto producto, a la estética, la
geometría, el dibujo, la ergonomía, los procesos de fabricación, materiales,
bases de ingeniería, costos, manejo de software y nuevas tecnologías, etc. y
cada una tiene derivaciones, especificidades que deben encaminarse e integrarse
bajo los criterios elementales de uso, funcionalidad y factibilidad. Esto significa que lo que se piensa a las personas les funcione mientras lo usan, y se pueda replicar
con una inversión de tiempo y recursos razonable; estos dos últimos factores también
se aplican al proceso de concepción del producto. Es claro que una metodología
ayuda a ordenar la información y sistematizar el proceso, pero no se puede llegar
a una solución satisfactoria sin la habilidad que permite sortear las
implicaciones del tiempo y las limitantes surgidas de los recursos disponibles.
Pero además al ser una asimilación de conocimiento que llega a la síntesis, cada
resultado subsecuente representa una superación, en menos tiempo o de mayor
calidad o ambas. El proceso sintético por lo tanto está más cerca de la
creatividad y la innovación en menos tiempo. Esta es la base contra la tendencia
de sustituir al profesional diseñador industrial por el trabajo colaborativo de
“diseñadores”, y tienen que ser varios porque ninguno sería especialista en
diseño de objetos, ningunos domina todas las variables y factores antes
mencionados. Como las variables tienen que ver con diferentes campos, se
necesitarán otros profesionales que compensen las carencias, así el grupo se
vuelve más nutrido; en pocas palabras, más tiempo, más información, más
recursos, para un mismo objeto. Por otro lado, en el terreno pedagógico, aquellos
formados en una generalidad del diseño, muy difícilmente podrán adquirir la habilidad
que deviene de una educación metodizada para tal fin.
Por supuesto que existen
variantes que priorizan variables o las sustituyen, agregan o eliminan
factores, incluso que modifican criterios, pero como se puede ver, el objeto de
uso común no puede sustituirse o todo el andamiaje se desmorona pues no hay
propósito. Tampoco se puede buscar simplificarlo, el entramado complejo y
específico no lo permite, pues se trata de mantener la habilidad que hace única
la actividad. Sin este enfoque la formación y la habilidad del diseñador, al quedar
las variables, los factores y los criterios sueltos, puede terminar reducida a
parciales recetas, metodologías o manuales susceptibles de terminar en videos
tutoriales que son usados por pseudo universidades para conformar planes de
estudio insuficientes.
El diseñador industrial por lo tanto tiene un
objetivo claro, que es el objeto humano necesario, que implica una tarea lo
suficientemente compleja para diferenciarlo de los demás “diseños”. Requiere de
habilidades individuales específicas insustituibles por el trabajo colectivo, que
le permiten la evolución del conocimiento acercándolo más eficientemente a la
creatividad y la innovación agregando valor y legitimidad a su trabajo. Otorga
además una referencia clara para incorporar y estructurar de acuerdo con sus
objetivos, las nuevas variables, las problemáticas y necesidades contemporáneas,
trazando nuevos caminos de estudio y especialización sin perder de vista sus cimientos. Mtro. Alberto Torres G.

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